Albert Serra: La Mort de Louis XIV (2016)

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Cambia, permanece original

LA MORT DE LOUIS XIV (2016) de Albert Serra

Júlia González de Canales Carcereny (Wien)
Romanische Studien (2017)

RESUMEN: LA MORT DE LOUIS XIV (2016), cuarto largometraje oficial de Albert Serra, afianza al director catalán como uno de los mayores representantes del actual cine de autor europeo. Dicho filme se une a sus celebradas anteriores producciones, difiriendo, no obstante, en tres aspectos fundamentales: el empleo de la lengua francesa, la aparición en pantalla de (algunos) actores profesionales y la estética del film, en el que destacan los espacios interiores y la iluminación claro oscura. Ello no implica, sin embargo, una alteración de los principios creativos del director, los cuales se ven ratificados también en esta película. Por ende, La mort de Louis XIV resulta una original obra en la filmografía de Albert Serra, quien consigue realizar un distintivo film sin llegar a alterar los fundamentos de su propuesta estética.

La mort de Louis XIV (2016) reafirma a Albert Serra como uno de los directores más interesantes del actual panorama cinematográfico español. Ganadora del prestigioso premio Jean Vigo (2016) y del premio a la mejor película en la pasada edición del Festival de cine de Jerusalén (2016), el reconocimiento a La mort de Louis XIV supone también la constatación de la excelente trayectoria del director, quien ha dejado de ser un desconocido en la escena cinematográfica española y catalana para convertirse en su enfant terrible. Después de su estreno internacional en Cannes con Honor de cavalleria (2006), película sobre la que la prensa del país apenas se hizo eco, sus siguientes producciones, todas galardonadas en los más prestigiosos festivales de cine, han ido lentamente ganándose la atención de la crítica y de los espectadores, quienes han pasado del escepticismo inicial al reconocimiento actual. La mort de Louis XIV no es, sin embargo, una película más de Albert Serra. Tres rasgos fundamentales la separan del resto de sus producciones: la lengua, la profesionalidad de (algunos) actores y la estética del film.

La lengua

La mort de Louis XIV es la primera película de Albert Serra grabada en una lengua distinta a la catalana. Filmada en francés, el cambio de lengua tiene una explicación aparentemente sencilla: la película es fruto de un encargo que el Centre Pompidou le hizo hace cinco años a Albert Serra y que implica la colaboración con un equipo de trabajo y producción franceses. La pregunta por las posibles implicaciones ulteriores de dicho cambio lingüístico, no obstante, se mantiene. Habrá que ver si en las próximas producciones Serra seguirá este camino de colaboraciones internacionales o si, por el contrario, volverá a lo que hasta el momento ha sido su habitual proceso de concepción y práctica cinematográfica: la búsqueda de motivos de inspiración artístico-culturales y el trabajo local con el equipo que conforma Andergraun Films SL, su productora.

Serra no ha hecho nunca del empleo de la lengua catalana una cuestión política. Sus películas son en catalán porque esta es la opción más razonable y práctica: el catalán es la lengua materna común del equipo de actores y profesionales con los que el director trabaja. En sus películas la lengua funciona como medio para conseguir el fin estético que pretende alcanzar, no como objeto de reivindicación nacional. Ya en 2008, en el contexto de la proyección de su segunda película, El cant dels ocells (2008), en Cannes y ante la pregunta que la periodista Cristina Savall le realizara sobre el hecho de rodar en catalán, Serra aclaró: “[Lo hago] primero porque es la lengua de los actores, salvo uno que habla en hebreo. Para mí es natural. Cannes no tiene ningún problema. Elige un cine artístico, en el que importan otras cosas”.[1] En efecto, El cant dels ocells está filmada en catalán (la lengua que hablan los tres reyes magos, personajes protagonistas del film) y hebreo (hablado por José). Aunque, de hecho, ya en su primera película Honor de cavallería (2006), una producción sobre las andanzas de Quijote y Sancho, ambos personajes, iconos de la literatura española, se comunican también en lengua catalana. Por ende, en las películas de Albert Serra poco importa que los diálogos se produzcan en francés, catalán, hebreo, o en cualquier otro idioma, ya que la lengua es un modo de expresión sometido a los fines artísticos del film, nunca una meta en sí mismo.

No obstante, si atendemos a cuestiones de categorización y representación territorial, la elección de una determinada lengua resulta un foco no exento de controversia. ¿Son las obras de Serra propias del cine catalán o del cine español en lengua catalana? ¿Pertenece su última película en lengua francesa al cine catalán en francés, al cine francés o al cine español en lengua francesa? En 1972, el crítico José María Caparrós Lera escribía: “Podrá denominarse cine catalán […] toda aquella creación fílmica que retrate el carácter, los sentimientos y los problemas del hombre de esta tierra; toda obra cinematográfica que tenga una temática catalana o se preocupe de la amplia problemática de este país y de los que en él viven, sin que por ello deje de tener contacto con los diversos problemas y formas de vida de otras regiones y nacionalidades españolas”.[2] Atendiendo a tales palabras, el cine de Albert Serra no sería necesariamente catalán, al no “retratar el carácter, los sentimientos y problemas del hombre catalán” (recordemos que las películas del director giran en torno a temas literarios y/o universales). Asimismo, si en la cita aquí traída a colación sustituimos el término ‘catalán’ por el de ‘francés’ o ‘español’ vemos que dicha cita tampoco resulta realmente aplicable a la obra de Serra ya que ésta escapa a “la amplia problemática de este país [sea cuál sea al que nos refiramos] y de los que en él viven”.

Ante estas consideraciones parecería que el cine de Serra tiene un talante universal que lo hace nacionalmente inclasificable, mas es bien sabido que no existen producciones culturales neutras. Sea a nivel de financiación, producción, actuación o dirección, toda película es, de un modo u otro, vinculable a, como mínimo, un territorio. Por ello, Marie-Soledad Rodríguez resuelve la cuestión de la siguiente manera: “No se trata pues para la Generalitat de defender un cine que sea ante todo la expresión de las vivencias de los catalanes, de su pasado, de sus valores o de sus señas de identidad, sino de construir un producto de calidad autóctono susceptible de enriquecer la economía regional”.[3] Bajo esta perspectiva bien se puede argumentar que el cine de Serra pertenece a la categoría de cine catalán. Aunque La mort de Louis XIV sea una coproducción entre Francia, España y Portugal[4] y esté grabada en lengua francesa, el trabajo de la productora Andergraun Films SL, radicada en Barcelona y capitaneada por el propio director, supone un claro vínculo y estimulo económico para la región.

La profesionalidad de los actores

Hasta La mort de Louis XIV Albert Serra sólo había trabajado con actores no profesionales, conocidos suyos de su pueblo natal, Banyoles. En esta última producción, sin embargo, Serra contradice sus hasta ahora principios sobre el carácter amateur de los actores[5] e incorpora a una de las caras más conocidas de la cinematografía francesa, el actor Jean-Pierre Léaud, en el papel protagonista del Rey Sol. La elección de dicho actor no fue, sin embargo, un acto de traición a los propios principios del director. Serra afirma que siempre ha sentido respecto por Léaud al ser éste un actor no corrompido que sólo ha trabajado con los directores que admiraba y nunca como vía de supervivencia económica.[6] En el estreno de la película en el festival de cine de Cannes, Serra reafirmó su entusiasmo:

Como persona, yo lo admiraba mucho. No tanto por su obra, sino porque me caía bien: su mujer, el ambiente que desprende… cosas importantes cuando empiezo a filmar. Todo se decidió de una forma muy natural. Y eso quizás también se nota en la película. Él, evidentemente, es Jean-Pierre Léaud y alguien pude ver incorporado en su rostro y actitud un cierto pasado del cine. Pero a mí eso no me impresionaba. Creo que ofrece al film una interpretación totalmente alejada de cualquier tipo de cliché anterior. No remite a sí mismo ni está embobado ni autocomplaciente con su pasado. […] Aunque es vanidoso. ¡Eso sí que me gusta! Nunca va a ver sus películas […] pero sí que lee todos los artículos y todo lo que publiquen sobre él.[7]

Tanto Léaud como el resto del equipo actoral (que cuenta con algunos de los actores no profesionales que han participado en las anteriores propuestas de Serra, tales como Vicenç Altaió o Lluís Serrat Sanchini) se sometieron a las mismas directrices y exigencias del cineasta. Coherente con su forma de trabajar que tan bien le ha funcionado hasta el momento, Serra hizo de la espontaneidad bandera. En La mort de Louis XIV no hubo ensayos iniciales antes de la grabación de cada toma y, si bien el director se tuvo que amoldar al plan fijo de 14 días de grabación que le habían marcado los franceses, no dejó de atender a su inspiración, a las sensaciones que le transmitían los actores y a lo espontaneo e inesperado del momento. Consecuentemente, el espectador percibe una gran coherencia interpretativa y queda absorto por las fantásticas actuaciones, especialmente, la de Jean-Pierre Léaud. Léaud brilla en su lento proceso de degradación, sufrimiento y muerte y lo hace, y eso es lo más relevante, consiguiendo que el público olvide al actor icono y sólo vea al rey muriente. Tal es su inmersión en el personaje que lo que empieza siendo un reconocible Léaud representando a Luis XIV pronto se transforma en un verosímil acercarse a la muerte del Rey Sol.

Aunque con un papel mucho menor, es destacable también el personaje de Vicenç Altaió. Altaió es una persona conocida dentro del círculo cultural catalán pero no fue hasta Història de la meva mort (2013), el anterior largometraje de Serra, que dio el salto a la gran pantalla, estrenándose como actor. En La mort de Louis XIV Altaió representa a Brun, un médico que, llegado de Marsella y con métodos poco ortodoxos, pretende curar la enfermedad que azota la pierna del rey. Los médicos de la Sorbona (que también se han desplazado hasta Versalles para prestar sus servicios al rey) pronto intuyen que Brun es un charlatán, sin conocimientos científicos de medicina, pues, al preguntarle su experiencia como facultativo éste contesta con parrafadas esotéricas y naturalistas. Su discurso, no obstante, resulta mucho más que una mera anécdota de la trama de película. Todos los elementos que lo componen (las asociaciones ideas, el absurdo, la sorpresa, la reflexión de estilo filosófico, etc.) son, para aquellos espectadores seguidores de las películas de Serra, un rasgo estético distintivo de sus creaciones.

La estética del film

Desde la realización de su primer largometraje (Honor de cavalleria, 2006) Albert Serra ha ido desarrollando un método de creación y filmación propio que él mismo ha denominado ‘método Andergraun’, en referencia al nombre de su productora. En el libro Apocalipsi Uuuuuuuaaaaaaa. Diari de rodatge d’Història de la meva mort d’Albert Serra (2015), Jaume C. Pons Alorda establece lo que para él son los quince rasgos distintivos de dicho método creativo. Acorde con el carácter del mismo (Serra procura contantemente evitar todo acomodamiento, eludir lo previsible de cada situación), el decimoquinto decálogo empieza negándose a sí mismo:

  1. No es un método. No es forma de hacer ni transferible ni compartible ni imitable. Nace y muere en sí mismo.
  2. Caos. Descontrol. Desorganización. No planificación.
  3. La Naturalidad. Realismo. Lo verídico. Contraste violentísimo entre lo verosímil y lo inverosímil.
  4. La Psicodelia. El rock’n’roll propiamente dicho para esta generación nacida en los años 60.
  5. El Surrealismo. La asociación no pensada.
  6. Performance perpetua que no acaba nunca
  7. Iconoclastas. Andergraun Films SL cambia las concepciones preconcebidas.
  8. La técnica tiene que ser un potenciador, nunca un impedimento.
  9. La estética. Palabra clave.
  10. Sublime, ya que Andergraun Films SL requiere el sublime. Nace y muere en sí. Eso no quiere decir irresponsabilidad, sino psicodelia para conseguir momentos culminantes.
  11. Montaje. La selección es esencial.
  12. Original. Nunca visto antes. Único.
  13. La diversión. Lo lúdico. Pasarla genial durante la experiencia, poderlo recordar como una cosa fundamental el resto de la vida, que haya valido la pena vivirlo.
  14. Dinero. Serra siempre habla de ello y siempre ha creído que, de no haberse dedicado a Andergraun Films SL, hubiese sido multimillonario.
  15. Paisaje. El cine de Albert Serra como la creación de un mundo con identidad propia.[8]

A esta conclusión llega Pons Alorda después de haber vivenciado gran parte del rodaje de Història de la meva mort. Dichos rasgos no deben ser, sin embargo, entendidos como exclusivos de dicha película sino como representativos del conjunto de las producciones de Serra, inclusive La mort de Louis XIV. A pesar de que en ella se pueden identificar la mayoría de tales rasgos, el resultado se distingue sustancialmente distinto. Dos aspectos contribuyen a ello. El primero, en La mort de Louis XIV destacan los espacios interiores, sucediendo casi la totalidad de la acción en una única estancia: el dormitorio del rey. Al contrario de lo que sucedía en las anteriores películas del director, en las que dominaban las imágenes de extensión panorámica, en La mort de Louis XIV los espacios exteriores se reducen a dos únicos planos exteriores: la primera escena de la película, en la que aparece el rey Sol en los jardines de su palacio y un plano del paisaje cercano a la residencia real que Luis XIV contempla a través de la ventana de su habitación. El segundo, la iluminación de la película y el predominio de claroscuros. El aposento del rey, iluminado por la luz entrante por la ventana (durante el día) y por las velas (durante la noche) ofrece bellas composiciones plásticas en las que frecuentemente el cuerpo de los actores permanece en la penumbra y sólo una parte de sus cuerpos, a menudo el rostro, es iluminado. Especialmente en la segunda mitad del film, cuando el dolor gangrenoso en la pierna del rey es ya insoportable, el ambiente que impregna el dormitorio del enfermo se vuelve denso y, tal como afirma el crítico Olivier Père, la fotografía creada por Serra nos ofrece unas imágenes que parecen “arrancadas de las tinieblas, tendientes a lo sublime”.[9]

Esta apuesta por la plasticidad de las imágenes, por la cuidadosa puesta en escena, por el trabajadísimo montaje posterior, concuerda con los principios artísticos que Pons Alorda entrevió y que posteriormente Serra confirmó: un arte autónomo, no utilitario, que arriesga e innova y está siempre en busca de la perfección y el sublime. Al ser preguntado, en una entrevista radiofónica, por el eterno debate entre contenido y forma, Serra responde:

[El arte] sólo es forma. Para mí el contenido, digamos, no existe. Todo se traduce a través de la forma, a través de las imágenes […] El diálogo se ha utilizado de una forma un tanto más poética, por ejemplo: para sugerir, no tanto para dar una información […] yo lo utilizo bastante. Otros elementos: el sonido, como enseña Godard. ¿Por qué tiene que estar en la misma dirección que la imagen? Puede tener un valor en sí mismo, puede ir en contra de la imagen. Es una manera de trabajar en que sinceramente sólo cuenta la forma.[10]

La innovación en el empleo de la forma que La mort de Louis XIV desprende no parece, no obstante, ser una razón suficiente para suponer un cambio radical en la estética de las películas de Serra, un cambio lo suficientemente significativo como para que el público habitual de las películas del director catalán pasara de corresponderse a un reducido número de espectadores para transformarse en ríos de gente haciendo cola para comprar la entrada y ver el film. A pesar de ello, La mort de Louis XIV fue muy bien recibida en Cannes y el público congregado para visualizar la obra en el festival salió de la sala gratamente satisfecho. Por bien que ello resulta un caso aislado, sólo comparable con otros estrenos en festivales de cine de clase A, tal amplia reacción positiva despertó la desconfianza en Serra, quien afirmó estar decepcionado por la buena y vasta aceptación del público de Cannes. En declaraciones para El Món, proclamó: “Sí, a la gente le gusta. Por esto estoy un poco avergonzado… Pienso que alguna cosa va mal objetivamente. Alguien me ha dicho que, con esta película, conseguiré muchos más espectadores que con todas mis anteriores películas juntas”.[11] Sin duda, la decepción de Serra se debe a su concepción del deber del auténtico artista, según la cual “todo artista tiene la obligación de hacer una cosa que la gente no pueda entender por más que se esfuerce”,[12] mas quizás Serra tendría que haber previsto que tan buena recepción era posible al escoger el actor principal. En La mort de Louis XIV, Serra, en parte, se traiciona a sí mismo al crear una película con Léaud, un actor atrayente para el gran público y una trama más narrativa que se ve favorecida por escenas más cortas y un montaje más dinámico que en sus anteriores producciones.

En conclusión, las declaraciones de Serra aquí traídas a colación, que bien podrían interpretarse como un acto de prepotencia por parte del director, son más bien una exposición de su carácter provocador. Con ellas Serra consigue sorprender en cada entrevista, discurso o película, pero sus provocaciones no son ni vanas ni vacías. Son más bien un reflejo indirecto de su modo de entender la creación artística. Trabajando sin guión (con un guión que sirve como puro marco de referencia o, incluso, en contra del propio guión propuesto a las instituciones de financiación pública), apelando, durante el rodaje, a la improvisación, a lo auténticamente espontáneo, a la verosimilitud, al goce del momento y, durante la fase de montaje, al rigor, a la experimentación y a la ruptura de estereotipos visuales, Serra construye productos cinematográficos del más alto nivel artístico. En La mort de Louis XIV dicho modo de proceder se mantiene inalterable. Los cambios introducidos con respecto a la localización y la participación de algunos actores profesionales no contradicen, sin embargo, la apuesta estética que característica de anteriores películas. Con La mort de Louis XIV Serra se mantiene fiel a su concepción del arte, a su original manera de llevarlo a cabo, aquella que se rinde a la experimentación, al desafío de lo previsto, a lo lúdico y a la belleza.

  1. Cristina Savall, “Entrevista a Albert Serra director de cine”, El Periódico de Aragón, 22 de Mayo 2008, http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/albert-serra-director-cine-sentirse-amado-no-va-caracter_411595.html, consultado el 15 de agosto de 2016.
  2. José María Caparrós Lera, “Ayer y hoy del nonato cine catalán”, Nuestro tiempo 216 (1972), 82.
  3. Marie-Soledad Rodríguez, “En busca de un hipotético cine castellano o castellano-leonés”, en Cine, nación y nacionalidades en España, ed. Nancy Berthier y Jean-Claude Seguin (Madrid: Casa de Velázquez, 2007), 103.
  4. Recordemos que en el marco de las coproducciones sólo se habla de colaboraciones entre estados.
  5. En una entrevista para la revista Transit, y ante la pregunta del entrevistador sobre si se veía haciendo una película con actores profesionales, Serra contestó: “Nunca”. Pablo García Conde, “Entrevista a Albert Serra”, Transit, 7 de Enero 2014, http://cinentransit.com/entrevista-a-albert-serra/, consultado el 21 de agosto de 2016.
  6. Imma Merino, “Albert Serra: tot artista té l’obligació de fer una cosa que la gent no pugui entendre per més que s’hi esforci”, Diari Ara, 13 de Marzo 2016, http://www.ara.cat/suplements/rar/AlbertSerra-entrevista_0_1537646374.html, consultado el 22 de agosto de 2016.
  7. Vicenç Batalla, “Albert Serra: Jean-Pierre Léaud és un vanitós i m’agrada”, El Món, 29 de Mayo 2016, http://www.mon.cat/cat/notices/2016/05/albert_serra_jean-pierre_leaud_es_vanidos_i_m_agrada_164437.php, consultado el 22 de agosto de 2016. Traducción propia.
  8. Jaume C. Pons Alorda, Apocalipsi Uuuuuuuaaaaaaa. Diari de rodatge d’Història de la meva mort d’Albert Serra, Barcelona, Comanegra, 2015, 169-181. Traducción propia.
  9. Olivier Père, “Cannes 2016 Jour 11: La Mort de Louis XIV de Albert Serra (Hors compétition, séance spéciale)”, Arte, 21 de Mayo 2016 http://www.arte.tv/sites/olivierpere/2016/05/21/cannes-2016-jour-11-la-mort-de-louis-xiv-de-albert-serra-seance-speciale/, consultado el 25 de agosto de 2016. Traducción propia.
  10. Juan Carlos Morales: “Entrevista a Albert Serra”, Radio Nacional de España, 6 de Julio 2016, http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SELOJO/mp3/4/2/1466446309324.mp3, Min. 10:40-11:35, consultado el 25 de agosto de 2016.
  11. Cf. Batalla, “Albert Serra: Jean-Pierre Léaud és un vanitós i m’agrada”, s.p. Traducción propia.
  12. Cf. Merino, “Albert Serra: tot artista té l’obligació de fer una cosa que la gent no pugui entendre per més que s’hi esforci”, s.p. Traducción propia.

Ill.: Albert Serra, La Mort de Louis XIV.

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